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Este Rabbit GTI 1983 costó 140 mil dólares y tomó 7 años en completarse

Rabbit GTI

El dueño integró un cuadro de instrumentos digital y un conjunto motor de 220 caballos fuerza al GTI de primera generación.

Obra del ingeniero canadiense Derek Spratt, que tiene buenos recuerdos del Rabbit GTI que compró nuevo cuando estaba en la universidad. Cuando llegó la nostalgia casi 40 años después, buscó un ejemplar lo más parecido al suyo y luego pasó 7 años modificándolo para terminar con el hatchback deportivo de sus sueños.

Tenía solamente 21 años cuando adquirió su GTI, parte de la primera generación con 90 caballos de fuerza y que incluso llevó a un road trip desde Vancouver hasta San Francisco y de regreso. Luego vendió el auto pero nunca se olvidó de él realmente, así que volvió a buscar uno hace aproximadamente 8 años.

Encontrar el mismo auto que manejaba en sus años de universitario no fue una tarea sencillo, pero localizó uno muy similar e inmediatamente empezó a restaurarlo y a modificarlo. “Quería que el auto fuera versátil y perfecto en sus modales,” dijo.

Rabbit GTI

Spratt con su primer Rabbit GTI

Después de reparar todo el daño de óxido, instaló un motor de 220 caballos de fuerza que diseño con su conocimiento en ingeniería y agregó varios atributos modernos como las ventanas eléctricas, asientos calefactados, botón de arranque y cuadro de instrumentos digital. Además, tampoco se olvidó del desempeño del auto, con mejoras al sistema de frenos y suspensión, con un sistema de enfriamiento más robusto para lidiar con la potencia adicional.

Al final, pasó más de 12,000 horas trabajando en su GTI y documentó el proceso con alrededor de 180 videos que están publicados en diversas redes sociales, incluyendo YouTube. Estima que el proyecto le costó 140,000 dólares, más de 3 millones de pesos al cambio actual, que basta para comprar el GTI de primera generación y un par de Mk7s totalmente nuevos.

Rabbit GTI

A pesar de todo el esfuerzo que imprimió en el auto, lo vendió por mucho menos dinero tras hacer un viaje de 10,000 km por la costa del Pacífico. Ahora, el auto le pertenece a una feliz familia de su ciudad natal, en Vancouver.

“Si te metes en la restauración y modificaciones por el dinero, encuentras un nuevo hobby. El propósito del proyecto se cumplió. Hice al auto más rápido y mejor y seguí mi pasión por siete años,” explicó. Spratt también dijo ser capaz de llevarlo a dar una vuelta de vez en cuando y aceptó estar feliz de que lo tengan los nuevos dueños, que teniendo cerca a la persona que lo construyó inicialmente aseguran que el auto siga estando en óptimas condiciones por muchos años más.

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