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Peugeot Rifter: siete a bordo y más de 1,000 km de recorrido

Más allá del #TestTécnico que ya conocemos y de la usual prueba de ruta, decidimos poner a la nueva Rifter bajo una exigencia real a plena carga y en diversos tipos de caminos.

La inevitable acumulación de bichos tras cientos de kilómetros en autopistas

La Rifter, con todo y sus siete puestos en la versión Allure que hemos vuelto a usar, no puede negar sus orígenes como un vehículo comercial por a su cuadrada y funcional figura, su probada y simple mecánica en la que solamente es posible optar por una caja manual y por un interior en el que las amenidades de confort no son prioritarias, pero en el que el ingenio no falta gracias a las útiles puertas corredizas traseras o los abundantes espacios de almacenamiento en lugares atípicos, como el techo o el piso.

No se trata de una minivan en el amplio sentido del término, tampoco de un monovolumen pensado alrededor de una familia como solía serlo el desaparecido 5008 y tampoco es un transporte de bajo costo para llevar a varias personas a costa de sacrificios en manejo y refinamiento, como sí podría percibirse en alternativas asiáticas por un precio similar, véase una Honda BR-V.

En su muy europeo formato, la Rifter Long se asemeja más a una Volkswagen Caddy, pues por menos de 400,000 pesos ($369,900 con el equipamiento Allure) se accede a una van de casi cinco metros de largo (4.75), tres filas de asientos y una dotación de accesorios que, eso sí, no está limitada desde el punto de vista de la seguridad, en donde si acaso nos quedamos extrañando las bolsas de aire de cortina y unas luces más similares a la VW, pues aunque las halógenas de la Peugeot cumplen a cabalidad, palidecen ante conjuntos de xenón o LED.

Interior Peugeot Rifter Long Allure
Interior Peugeot Rifter Long Allure

Conocer las virtudes de un producto así depende de un contexto y necesidades muy específicas: en el papel los 90 caballos de un 1.6 turbo-diesel con una caja manual de cinco velocidades lucen escasos para cargar a siete en una carrocería que ya califica como voluminosa, pero es al volante y después de más de 1,000 kilómetros que logramos entender un concepto de eficiencia muy propio de una marca como Peugeot, en el que con menos consiguen más. 

De un motor que nos obligaba a jugar con el embrague en pendientes pronunciadas gracias a un turbo que cobra utilidad a las 1,900 rpm, una suspensión saltona dado el enfoque de trabajo y unos asientos que no prometían mucho, la Rifter se fue reivindicando kilómetro tras kilómetro cuando salimos a carretera, pues tratándose de un Diesel con una relación de caja que se iba acortando en las marchas más altas (tiene hasta quinta y en alguna ocasión extrañamos una sexta), era el torque de 169 lb-pie el que ponía la cara entre esas vitales 2,000 rpm y unas todavía útiles 3,200.

Peugeot Rifter Long Allure
Peugeot Rifter Long Allure, en algún lugar de Michoacán

Pasar el 1.6 de 3,500 o incluso 4,000 vueltas no tenía caso pues ya ahí no había mucha respuesta, así que jugando entre cambios era posible traer a una Rifter cargada con siete personas a ritmos inesperadamente altos, lo que en las autopistas mexicanas suele ser necesario porque el tráfico en carreteras como las de Michoacán o Jalisco se mueve a otra velocidad muy distinta a la que en teoría es legal. 

Cabe aclarar que si se pretende llevar a siete personas, el equipaje tendrá que ir en un rack de techo, pues así el lugar habitable no sea escaso, hay que elegir entre gente o maletas, a menos que se vaya a transportar a cinco y se deje lo demás para sus pertenencias. 

Segunda y tercera fila, Peugeot Rifter Long
Segunda y tercera fila, Peugeot Rifter Long

La falta de potencia en tramos de carretera de todo tipo solamente se evidenciaba en todo lo que demora en acelerar hasta unos 100-120 km/h (mejor quedarse en el carril derecho) o en pendientes prolongadas en las que se dependía del impulso para llegar a la cima y otra vez empezar a bajar, fenómeno que no creemos le ocurra a un usuario normal pues solamente se manifestaba a velocidades por encima de los 140 km/h, que parecen muchos para una van, pero no se puede ignorar que los genes europeos de la Rifter, que usa la misma plataforma de una muy vigente 3008, la preparan para circular apurada pero segura y así lo comprobamos entre los capaces y robustos frenos y una estabilidad sorprendente para algo de su altura, con un control que daba plena confianza en curvas abiertas por más que el asfalto no estuviera en muy buen estado, una dirección inusualmente precisa y una sensibilidad a los vientos laterales mínima y fácil de corregir.

En todo lo comentado en el anterior párrafo, es muy superior a las microvanes asiáticas, ya sea la mencionada BR-V, una Toyota Avanza o incluso una Suzuki Ertiga, pues el par del Diesel hace toda la diferencia. Sumado a eso, la Peugeot es más silenciosa al aislar mejor el ruido de rodadura y del viento. 

Motor 1.6 HDI Peugeot Rifter
Motor 1.6 HDI Peugeot Rifter

Muchas impresiones eran las de traer un automóvil moderno y lo decimos para bien, porque a su vez la resistencia de sus llantas de buen perfil y de su suspensión a ratos se delataban en que no absorbía con toda la suavidad las irregularidades, pero no se sintió frágil en hoyos grandes o pisos rotos.

El paso de las horas también nos dejó satisfechos con el diseño ergonómico de la cabina, en el que adaptaron la propuesta i-Cockpit a una aplicación más comercial y así como había bandejas en el techo, abundante altura para que los ocupantes se subieran y bajaran con más facilidad y unas puertas traseras corredizas sin cristales que se bajaran (sólo se abrían de compás), también nos encontrábamos con una pantalla táctil cercana y en general intuitiva, unos instrumentos puestos en un plano alto pero muy visible y un volante minúsculo pero que ayudaba a esa sensación inmediata, confiable e incluso ágil de esta Rifter. 

La posición de la palanca de cambios era la idónea y si acaso las piernas iban muy dobladas, pero la fatiga en tramos de más de 500 km ida y vuelta entre la Ciudad de México y Guadalajara fue escasa y lo decimos tomando como referencia otros diversos vehículos, que van desde una más costosa Chevrolet Traverse hasta una más grande Volkswagen Transporter. ¿Qué habríamos deseado? Un apoyo lumbar más sólido o que la segunda fila fuera deslizable y reclinable, no fija.

Peugeot Rifter Long, durante su presentación en México

Cerramos este texto con la cereza del pastel en esta Rifter y otro de sus más grandes argumentos incluso contra su rival directa, que es la Volkswagen Caddy. Hablamos de la eficiencia, porque mientras la Caddy se conforma con un 1.6 a gasolina, el Diesel HDI de la Rifter, incluso en nuestro apurado viaje con siete adultos adentro y larguísimos tramos acelerando a fondo o casi a fondo, llevando al límite el turbo, el sistema de refrigeración y a veces los frenos, se lograron conseguir de todas maneras promedios por trayecto de 12.9 y 12.8 kilómetros por litro, respectivamente, números imposibles para cualquier minivan o monovolumen a gasolina que hubieran sido llevados a la misma velocidad. 

Al final, somos enfáticos en que para entender a la Peugeot Rifter Long, hace falta conocerla de primera mano y comprobar sus ventajas en consumo, estabilidad, versatilidad y robustez. ¿Qué le falta? La opción de una caja automática, más portavasos, unas luces más modernas que no son del todo indispensables y, cómo no, unas bolsas de aire de cortina y no solamente las cuatro de fábrica que equipa. 

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