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Volkswagen T-Cross 1.0 TSI DSG (versión europea), contacto: cuando las prioridades son otras

Siempre es interesante notar de una forma tan evidente las diferencias de un mismo modelo según el mercado al que se dirija e, incluso, el lugar donde se haga. Días después de nuestro Test Técnico con la Volkswagen T-Cross a la venta en México, pudimos manejar una matriculada en Alemania gracias a los World Car Awards.

Volkswagen T-Cross 1.0 TSI DSG R-Line (versión europea)
Volkswagen T-Cross 1.0 TSI DSG R-Line (versión europea)

Queda clarísimo que por un tema de precios sería imposible que en México tuviera sentido una T-Cross armada en España con todo el equipamiento y soluciones que exige el Viejo Continente. Sin considerar asuntos de cómo se negocia con el fabricante o cómo las cargas impositivas afectan a cada país, una T-Cross como la que hemos conducido costaría localmente más de 500,000 pesos según estimamos, diferencia que se nota.

Lo primero es que al acercarnos es evidente que es más pequeña y una rápida consulta para corroborarlo nos recuerda que la variante europea es 10 centímetros más corta que la hecha en Brasil, recorte que aplica para la longitud total y para la distancia entre ejes. Aún así, el espacio atrás es más que bueno y la cajuela de casi 400 litros es muy aprovechable. 

Volkswagen T-Cross 1.0 TSI DSG R-Line (versión europea)
Interior Volkswagen T-Cross 1.0 TSI DSG R-Line (versión europea)

Casi de inmediato también se revela un interior lleno de contrastes, porque los plásticos rígidos y casi toscos no son exclusivos de la T-Cross latinoamericana, solo que las uniones de la europea son más precisas, las puertas dan una impresión mayor de solidez al abrirlas y cerrarlas y detalles como las vestiduras, más en la variante R-Line que nos correspondió, ya se sentían mucho más costosas. 

¿Qué es entonces lo que más separa a la T-Cross a la venta en el Viejo Continente con respecto a la local? El manejo. De una suspensión sobreelevada y menos costosa pensada para soportar calles en muy mal estado, pasamos a una igualmente robusta pero más silenciosa, con un rodar más aplomado y un nivel de estabilidad superior que también se refleja en una dirección más firme. 

La T-Cross matriculada en Alemania, que estábamos evaluando en California gracias a que Volkswagen la importó temporalmente a Estados Unidos para que los periodistas del jurado de los World Car Awards pudieran conocerla, nos resultó casi paradójica que fuera mejor a la brasileña con una mayor distancia entre ejes. De inmediato se percibe ese toque balanceado entre firmeza inicial pero una marcha poco nerviosa, con una pisada más segura al punto de que el ágil motor 1.0 TSI de 115 caballos no era suficiente para poner el chasis en aprietos.

Y eso nos lleva entonces al conjunto motor-caja, con una salida de potencia similar al 1.6 aspirado que ya conocemos en Virtus y ahora en la recién presentada T-Cross proveniente de Suramérica, pero que entre el muy superior torque (147 lb-pie desde 2,000 rpm) y una caja de doble embrague con siete cambios bien puesta a punto (y algo ruidosa a bajas velocidades), está a años luz en términos de desempeño a la hora de adelantar, recuperar y hasta cuando estabilizamos nuestro ritmo en autopista, con consumos potenciales mínimos, en la frontera de los 17 km/l. 

No es queja ni reclamo a Volkswagen de México por traer un producto más acoplado a las condiciones del mercado a un precio que ellos saben que la gente pagará, es más contar la experiencia de conocer cómo un producto que se llama y se ve igual, se transforma de una región y de un contexto a otro. 

¿Alguien quiere algo con las calidades y desempeño de la T-Cross europea en México? Siempre puede echarle un ojo a una Suzuki Vitara 1.4 turbo y no va a pagar más… y hasta con tracción integral la hay.

MF

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