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Autos Chocolate: Entérate De Los Riesgos

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Ante el peligro de una inminente regularización de autos ilegales o chocolate por parte del Presidente de la República, exponemos algunos de los numerosos riesgos que conllevan estos vehículos, cuya irregular entrada al país expone a todos los usuarios de las vías mexicanas.

Un Honda siniestrado remolca a un Toyota importado de Estados Unidos

1. Daños estructurales

Cualquiera que haya circulado por las carreteras de estados como Zacatecas, Veracruz o Guanajuato, entre otros numerosos ya al norte de México, recordará haberse encontrado con un auto viejo jalando a otro, con placas expedidas por asociaciones y el famoso letrero pintado en el medallón que reza “In Tow”, haciendo referencia a que uno está siendo, literalmente, remolcado por el otro. 

Quienes se fijaron más pudieron haber notado que muchos de esos vehículos están siniestrados, con golpes que hicieron activar las bolsas de aire o afectar de fondo el monocasco, al punto de que en su lugar de origen fueron declarados como pérdida, pero que gracias a la laxitud y la posibilidad de aprovechar algún resquicio legal, pudieron entrar con casi plena libertad a un país que se convirtió en un basurero automotriz.

Estos automóviles o camionetas por lo general se arreglan de una manera informal para dejarlos apenas funcionales, pues para empezar, si hubo un daño en la estructura, ésta no podrá volverse a comportar de la misma forma ante un accidente, lo que expone la integridad de los pasajeros.

Sumado a eso, características de alineación de llantas y el funcionamiento de la suspensión quedan alterados en sus geometrías y eso afecta la estabilidad del conjunto, así que, de paso, no solamente peligra el usuario en sí, sino terceros. 

2. Mantenimiento desconocido

Si no se trata de un siniestro, también es posible hallar unidades de autos chocolate sin regularizar con un uso que excede las 200,000 millas (320,000 kilómetros), recorrido que en muchas ocasiones ya generó un desgaste excesivo o un daño muy costoso de reparar para el propietario original en Estados Unidos o Canadá.

A eso se le suma un almacenamiento en el que estuvieron parados durante meses y eso pone aún más en duda el estado de fluidos como el líquido de frenos, el refrigerante o el aceite, sin contar el estado de amortiguadores, el cuarteado del hule de las llantas y su edad y la óptima condición de componentes vitales para una operación con un mínimo de seguridad. 

Poner a punto un auto así podría costar más que lo poco que se pagó por él… y eso nos lleva al siguiente punto. 

3. Uso negligente

Alguien que toma la decisión de hacerse con un auto irregular por lo general aduce a la falta de recursos. 

Por sumas tan tentadoras como los 18,000 pesos ya se tiene su propio medio de transporte, pero si se empezó gastando tan poco en primer lugar y eso ya haciendo un esfuerzo, por consecuencia no habrá mucho dinero para un mantenimiento en condiciones. Se hará lo absolutamente necesario para seguir rodando, pero a costa de llantas caducas, refacciones de calidad inferior o usadas, amortiguadores vencidos, frenos que se fatigarán con rapidez y hasta la presencia latente de óxido. 

Nadie que compre algo así gastará de más en su manutención y esos kilómetros extra son un riesgo permanente por esa misma razón.

4. Sin nadie que se haga responsable

De estas importaciones hay numerosos productos que no tuvieron presencia en México: llama la atención ver viejos Mazda de los noventa, de diez años antes de que la armadora japonesa se presentara en el país. Lo mismo pasa con algunos Hyundai de mucho antes de 2014 o con sobrantes de marcas americanas desaparecidas. 

¿Qué pasa con eso? Que no cuentan con una red post-venta que se responsabilice de llamados a revisión por defectos que puedan descubrirse, tampoco para sustituir bolsas de aire caducas cuya vida útil se estima en 15 años (si bien se ha comprobado que pueden trabajar todavía después de ese periodo) o ni siquiera para recambios básicos, lo que conduce a injertos o arreglos improvisados. Ya ni hablemos de la posibilidad de asegurarlos o que siquiera se piense en ello.

5. Exigencias de vías locales

Si de por sí hay numerosos agravantes alrededor de los autos chocolate, uno de los más grandes es la falta de control en los caminos mexicanos en relación a los límites de velocidad, a la expedición irresponsable de licencias a personas no aptas y a que no hay un ente que de verdad vigile el estado físico-mecánico de los automotores. 

Si encima se regularizan medios de transporte que a todas luces no cumplen con ningún estándar y se les pone a rodar muy por encima de las exigencias a las que se enfrentaban en sus países de origen (muchos no irán precisamente a 110 km/h y eso le consta a cualquier usuario común de una carretera), estamos ante numerosos accidentes y muertes esperando a ocurrir en cualquier momento. 

No es raro ver minivanes irregulares accidentadas y hasta incendiadas en carreteras como la México-Acapulco o en las muy rápidas autopistas del norte.

6. Problema ambiental

Un tema que no se discute tampoco es el ambiental: los sistemas y trampas para minimizar las emisiones en motores con cientos de miles de kilómetros de uso ya están fuera de servicio o hasta fueron retirados del todo. Si para colmo se desconoce cuándo se llevó a cabo la última afinación y no se planea una (el propulsor ya necesitará una renovación más profunda que eso), los resultados pueden llevarnos a convivir con vehículos que contaminan incluso 100 veces más que uno nuevo o un usado bien cuidado

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