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Plan de contingencia CDMX: 10 soluciones inmediatas para reducir la contaminación

Sabemos que la contingencia que hoy afecta a la Ciudad de México y alrededores no es culpa de las emisiones del parque vehicular, pero no podemos dejar pasar la oportunidad para proponer algunas ideas, algunas casi utópicas en nuestro contexto, que creemos ayudarían mucho a mejorar la calidad del aire en una de las urbes más grandes y complicadas del mundo.

Toyota Prius

1. Incentivos a híbridos y eléctricos

Los altos cobros impositivos al automovilista, que llegan en forma de pagos de emplacado, tenencias elevadas o combustibles que no paran de subir, podrían verse reflejados en un favorecimiento al que se va a decidir por un vehículo que en su uso resulta más limpio (otro debate es si su fabricación lo es). Si algo caracteriza a un híbrido o a un eléctrico es que el costo para adquirirlos no es tan accesible para la gran mayoría, así que además de las ventajas de las que gozan en este momento, una reducción en el IVA podría ser de gran ayuda para promover su masificación, pues sus beneficios están comprobados.

2. Controlar por dónde y cuándo se mueve el transporte pesado

No es raro ver avenidas principales como Constituyentes absolutamente colapsadas gracias a una enorme cantidad de tráilers, muchos con doble remolque, que además de ocupar el poco espacio que hay y no pocas veces comprometer la seguridad, quedan parados o desplazándose a muy baja velocidad, por ende gastando más combustible y contaminando más. Representa un desafío logístico, pero estas avenidas podrían fluir mejor si, para empezar, se resuelve un camino alternativo por las afueras para que no tengan que entrar. También podría determinarse un horario a la madrugada para que se muevan libremente. Entre más rápido vayan y menos paren, menos desgaste y mayor eficiencia.

3. Regulaciones de verdad a motores Diesel viejos

Y mientras por errores de metodología algunos autos vigentes en temas ambientales son reprobados en las verificaciones por razones tan inverosímiles como que su escape tiene una forma rara (pregúntenle a los propietarios de los smart fortwo), en las calles no es raro ver camiones de carga que impunemente expelen bocanadas de humo negro a la atmósfera sin que nadie diga nada, porque además sus escapes, contrario a otros países cercanos, ni siquiera se reglamentaron para ubicarse en la parte superior, sino que apuntan casi directo a los peatones u otros conductores alrededor.

4. Exigir mantenimiento de transporte público

Los principales ataques y restricciones van hacia vehículos que la mayoría del día están parados, pues no es un secreto que el parque automotor particular tiene unos desplazamientos fijos (entrada y salida a las oficinas). Otros cuantos sí se usan durante todo el día, pero aquellos que sí se mueven todo el tiempo son los más descuidados, los que más combustible usan y los que más afectan el aire que respiramos. Así como hay flotas bien cuidadas, otras son camiones cuyos mantenimientos son escasos y espaciados (si es que los hay) y para colmo se utilizan con sobrepeso. ¿Para cuándo medidas serias que los pongan en cintura?

Chevrolet Beat

5. Incentivos para renovar

Un automóvil nuevo, así sea de bajo costo, puede ser incluso el doble de eficiente que un equivalente de hace diez años que no contaba con las mismas tecnologías para un mejor aprovechamiento del combustible o para reducir al máximo posible las emisiones, eso sin contar con que el motor a lo mejor no está del todo afinado o el catalizador está en las últimas. Si nos vamos con un ejemplo puntual que puede darse en la vida real, un Volkswagen Pointer puede arrojar un consumo un 40% más alto que un Chevrolet Beat. Un plan para renovar coches con más de doce años (o con más de 150,000 kilómetros) podría ayudar a que esos viejos compañeros de batalla reciban la jubilación que se merecen. ¿Algún producto financiero con bajas tasas de interés para cambiar el auto? ¿Retomas más favorables?

6. Prohibir la importación de usados chatarra

Un auténtico cáncer que vive no solo la Ciudad de México, sino todo el país, es la entrada de usados chatarra principalmente de Estados Unidos. Vehículos siniestrados o con un recorrido altísimo que ya fueron desechados en su tierra natal y acá se les pretende dar una segunda vida, lo que no solamente es un serio riesgo ambiental sino a la seguridad, pues quienes los compran muchas veces no van a estar dispuestos a darles un mantenimiento riguroso y necesario, sino que apenas los intervienen para que se mantengan en pie. Una política seria contra la entrada de estos coches irregulares pero paradójicamente legales además impulsaría la industria y el comercio local.

7. Uso compartido obligatorio en zonas críticas

Es casi un cliché pero pocas soluciones de fondo se han hecho al respecto, porque a nadie le parecerá raro ver que en zonas como San Ángel o Polanco, durante horas pico, el tráfico literalmente colapse y, al mirar alrededor, la gran mayoría de automóviles estén solamente ocupados por su conductor. ¿Qué podría servir? Que durante esas horas críticas se obligue a que cada vehículo lleve al menos dos pasajeros. En una oficina alguien podría coordinarse con sus compañeros que viven cerca o les queda en el camino para usar un auto en vez de dos o más, se invitaría a un mayor uso de plataformas de transporte y habría un potencial enorme de reducir el tráfico cuando todos van o salen de su trabajo.

8. Más Home Office para evitar desplazamientos innecesarios

En el día a día varios se preguntarán si es realmente necesario desplazarse hacia una oficina para llevar a cabo una tarea en una computadora. No faltarán argumentos de interacción, orden y demás para exigir un trabajo presencial, pero lo cierto es que sí las empresas pensaran más a fondo si de verdad sus empleados y colaboradores tienen que moverse de un lado a otro para llevar a cabo una tarea, no solo la calidad de vida subiría, sino que el tráfico cambiaría para bien porque, para empezar, muchos ni siquiera necesitarían un auto para todos los días.

9. Menos persecución a los límites de velocidad, más hacia vías en buen estado

Uno de tantos hoyos en la calzada no solo puede reventar un neumático, romper un rin o acabar con un amortiguador, también hace frenar a los coches y mermar el ritmo o generar una maniobra de esquiva que podría terminar un accidente en potencia. Unas vías en mal estado evitan que el tráfico fluya de una manera constante y, en avenidas como Viaducto, Circuito o incluso Reforma, un coche parado por una avería causada por un bache o dos autos o más detenidos por un accidente, son críticos pues con obstruir un carril, ya se formó un embotellamiento que tardará horas en diluirse. Más tráfico automáticamente causa un mayor gasto energético, se desperdicia más combustible con el simple hecho de que el motor se mantenga prendido, pero no se traduce en movimiento o en un tiempo de desplazamiento menor. Las malas vías también contribuyen a que la CDMX esté tan contaminada.

10. Promover aún más las entradas (y salidas) a diferentes horas

Ya lo aplican varias empresas, pero a gran escala es como serviría. Con el horario cliché de oficinistas entrando a las 8 o 9, la montaña de gente en sus coches es inevitable y además todos tienden a ir hacia el mismo lugar (vean no más las limitadas entradas a Santa Fe). Espaciar entre departamentos dentro de una misma compañía las entradas ayudaría a que no todos se queden parados en el mismo punto o a que, al menos, se muevan un poco más rápido. Y recuerden que no hay nada más contaminante que un auto parado con el motor encendido, por más que ya existan tecnologías como el start/stop o los híbridos, eventualmente una batería necesitará ser recargada tras mucho tiempo detenidos y ya el motor no se apagará para alimentar la pila… ¿Y de dónde sale esa energía? De quemar combustible.

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