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De por qué un auto con tecnología “mild-hybrid” no debe aplicar para placas verdes

La semana pasada, a un miembro de la redacción le llamó la atención ver un Mercedes-Benz C200 2019 con una matrícula “verde”, como si de un híbrido o un eléctrico se tratase.

Tras abordarse diversos puntos en la red social Twitter junto a colegas o usuarios que exhibieron opiniones de todo tipo, aquí nuestro análisis de por qué un auto con tecnología de hibridación suave no debería ser contemplado en la misma categoría de los híbridos o eléctricos.

Foto tomada en la Ciudad de México

Antes que nada, no hay que dejarse llevar por denominaciones muchas veces creadas con fines comerciales, pues que la tecnología Mild-Hybrid se llame como tal no quiere decir que estemos hablando híbridos per se.

Lo híbridos que conocemos en mercados como el mexicano incorporan uno o más motores eléctricos secundarios a uno principal de combustión interna, capaces de mover bajo ciertas situaciones al vehículo por sí mismos y por ende reduciendo el uso del impulsor principal. Suelen estar integrados a la caja o en un eje distinto al del motor tradicional. O ambos.

Coches como un Toyota Prius, el híbrido más vendido y famoso del mundo, alimentan su motor eléctrico de una batería de poca capacidad que lo deja rodar sin generar emisiones directas por muy cortos trayectos, pero lo más importante es que evitan hacer funcionar su motor de gasolina durante su ciclo de mayor consumo, que es al arrancar, debido a que un Prius o similar tiende a vencer la inercia casi siempre con el motor eléctrico, por más que la batería tenga poca carga.

Toyota Prius

La pila se alimenta de la regeneración de energía al frenar o de la misma inercia, aunque en los híbridos tipo “Plug-In” (enchufables), como una BMW X5 xDrive40e o una Mercedes-Benz GLE 500e, también se conecta a una red de recarga, sea vía un toma convencional casero o a estaciones dispuestas para tal fin en plazas o parques (cargadores tipo ChaDeMo o J1772), para que circule en modalidad eléctrica durante una mayor distancia, así que un híbrido “plug-in” puede que en un día normal de uso en ciudad no utilice nunca su motor de combustión interna y baste la autonomía del eléctrico para que lleve a cabo sus desplazamientos. De salir a carretera, tanto el motor de combustión como el o los eléctricos trabajan al unísono.

Caso aparte son los autos 100% eléctricos o los eléctricos de rango extendido, en los que es el motor eléctrico el principal y, en los segundos, un motor de combustión interna (ICE) sirve como generador para cargar la pila. De los primeros hay ejemplos como toda la gama Tesla, el Nissan LEAF o el Chevrolet Bolt, de los segundos están el Chevrolet Volt (con V) o el Karma Revero, éste último no a la venta en México. También existen vehículos con pila de combustible a hidrógeno, pero de esos no hay en nuestro país y ya es hora de abordar la hibridación suave objeto de la discusión.

Chevrolet Volt

Un Mild-Hybrid, también referido como un vehículo con “hibridación-suave” es más una evolución que simplifica componentes que siempre han existido en los automóviles. Sí, se trata de un motor eléctrico, pero no uno que actúa como en un híbrido real, pues su función es la de suplir el trabajo del motor de encendido (marcha), del alternador y de servir como un apoyo al motor de combustión pues está conectado directamente a éste. Una ventaja de los Mild-Hybrid es que facilita las labores de andar por impulso, pues desde hace unos años diversos fabricantes, sobre todo europeos, programan sus cajas automáticas para que, bajo ciertas circunstancias, desconecten el motor de la transmisión y todo el conjunto ruede por pura inercia, lo que por ende reduce el consumo de combustible (eso no quiere decir que siempre sea conveniente ir en neutro). Con la hibridación suave, en esa situación se apaga el motor de combustión pues su asistente eléctrico se encarga de encenderlo con más rapidez y suavidad en caso de ser necesario otra vez su uso. Eso es muy distinto a que la fuente eléctrica mueva por sí mismo al auto.

Y para centrarnos en el ejemplo puntual del Mercedes-Benz C200, aún con dos cambios más en su caja que lo dejan rodar más desahogado a ritmos constantes (nueve contra siete), un motor más pequeño (pasó de un 2.0 turbo a un 1.5 compartido con Renault) y el mencionado sistema Mild-Hybrid, llamado comercialmente por la marca alemana como EQ Boost, los consumos homologados en Europa en relación a su predecesor son menos favorables cortesía del cambio a un ciclo de homologación más realista (NEDC a WLTP), la aceleración de 0 a 100 km/h anunciada de manera oficial empeoró y, para colmo, la batería más grande en el Mild-Hybrid le roba unos cuantos litros a la cajuela.

Sistema RSG para un vehículo Mild-Hybrid (alternador y marcha)

¿Qué queremos decir con todo esto? Que al final un Mild-Hybrid suple con un nuevo sistema eléctrico de 48V y nuevos componentes accesorios que ya habían existido hasta ahora en todos los autos, pero como tal no se trata de un híbrido, no hay una ventaja notable en emisiones ni consumo y, es más, para el C200 ni siquiera hubo mejoras en su desempeño, como sí ha ocurrido en otros productos que han adoptado estos avances.

En Autología ya hemos podido manejar diversos vehículos con tecnología Mild-Hybrid (Audi A6, A7, A8 o Q8 o el nuevo Mercedes-Benz CLS 450) y sus virtudes están más en a su refinamiento y simplificación para favorecer su confiabilidad a largo plazo (o esa es la idea), pero no en cuanto a un ahorro grande de combustible ni emisiones reducidas en una utilización real, así que sería ideal que se pulieran los criterios a la hora de expedir este tipo de placas para que no queden exentos autos que no deberían estarlo, pues también hay en la oferta mexicana coches muy eficientes que sin recurrir a tecnologías de electrificación, merecen más dichos beneficios en temas impositivos o de circulación.

Y para verlo de una forma más práctica, a continuación algunos datos del C200 Mild-Hybrid en cuestión comparado a sus más cercanos equivalentes en otras marcas y, por último, puesto al lado de un híbrido de verdad en su mismo segmento:

Aquí es más fácil apreciar que el C200 no es dramáticamente distinto a otros sedanes medianos del mismo rango de potencia y precio que no aplicarían para placa verde por no ser Mild-Hybrid y, de hecho, sus emisiones tampoco se diferencian al nivel de como sí ocurre, por ejemplo, con el BMW 330e, que es un híbrido plug-in.

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