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Análisis: 7 apuntes del Suzuki Ignis GL

Hace unos 15 años, 200,000 pesos era un límite razonable para adquirir un compacto de grandes capacidades. Ahora eso es apenas suficiente para un subcompacto de ciudad y aquí les queremos mostrar uno de los más recomendables, por el que piden $199,990.

Suzuki Ignis 2019

1. Buena procedencia

En este rango de precios, es normal que los coches disponibles sean actualizaciones de modelos descontinuados hace algunos años en mercados más desarrollados o, en algunos casos, proyectos pensados ex profeso para el tercer mundo. Por ese motivo, suelen armarse en sitios como India o Brasil… pero el Ignis es una excepción: llega directo de Japón, es un automóvil de carácter global que sigue a la venta tanto en su país de origen así como en Europa y está al día desde el punto de vista tecnológico. Y con tecnología no nos referimos a equipamiento sino a avances dinámicos, de seguridad o de eficiencia.

2. Seguridad apenas

El Ignis GL, siendo la versión de acceso, se queda con lo apenas indispensable en cuanto a seguridad pasiva y activa: dos airbags y ABS. Una virtud por lo general no comentada podría ser una estructura que en el EuroNCAP fue considerada como “estable” en la prueba de colisión asimétrica estandarizada por dicho organismo desde hace 20 años, si bien la calificación de tres estrellas sobre cinco se debió más a cierta sobrecarga del pecho del conductor sobre la bolsa de aire en ese mismo impacto y al hecho de que faltaba equipamiento de prevención que sí se exige más en el Viejo Continente. Bajo los estándares del LatinNCAP regional, creeríamos que esas tres estrellas se volverían cuatro o cinco.

Motor Suzuki Ignis

3. Buena mecánica

No puede esperarse un desempeño holgado por lo que se está pagando, pero el cuatro cilindros 1.2 del Ignis (82 hp y 83 lb-pie), además de dar una respuesta decente y estar bien conectado a una caja manual en general precisa, se ayuda con el hecho de que, como en buen Suzuki, el bajo peso es una prioridad, así que los 845 kilos totales del conjunto tampoco es que hagan esforzar mucho a la sencilla mecánica. Otras ventajas de su ligereza: los frenos se calientan y se desgastan menos y el consumo de combustible es menor, con registros reales por encima de los 15 km/l.

4. Más sólido de lo que parece

Algunos suelen relacionar por error el tamaño con la robustez y la durabilidad. Ven a los vehículos pequeños como algo endeble o delicado, cuando dicha afirmación no aplica desde hace muchos años. Los predecesores de este Ignis de hace unas cuatro décadas ya eran muy robustos en sí mismos y eso sigue ocurriendo ahora. Por su pretensión de ser una suerte de SUV miniatura por más que se trate de un hatchback, la suspensión soporta bien lo que le puedan arrojar nuestras mal mantenidas calles, mientras por dentro tendrán que pasar varios años para empezar a apreciar algún tipo de desgaste en la cabina pues vestiduras y plásticos se sienten sólidos. Tal vez algún ruido parásito en el interior podría aparecer pronto y sin afectar la operación normal del coche, pues el ajuste no es uno de los fuertes de Suzuki.

Suzuki Ignis con accesorios y caja CVT (+$30,000)

5. No tan básico

Uno de los primeros apartados en los que un auto económico se percibe como tal, es en su manejo: frenos no tan efectivos, suspensiones poco refinadas, vibraciones, poca insonorización y, al final, el recordatorio constante de que a alguien no le alcanzó para más o no quiso gastar más. En este Suzuki no ocurre eso pues, tal como lo mencionábamos más atrás, al final se pensó para mercados globales, así que en lo dinámico sus frenos están mejor que el promedio, su suspensión equilibra mejor la resistencia con el buen control de la alta carrocería de llegarse a exigir, la dirección tiene un tacto y precisión propias de algo más costoso y, a bordo, la experiencia no es incómoda por unos asientos buen resueltos y un aislamiento decente del mundo exterior. Que sea de tamaño reducido no quiere decir que sea básico.

6. Sus rivales

Como tal, las alternativas que un Suzuki Ignis GL de 200,000 pesos tiene que enfrentar no son malas, pero sí son productos que no tienen que cumplir estándares globales de seguridad y modernidad ni se venden al tiempo que en países con un mayor nivel de exigencia. Ahí es posible encontrar el espacioso si bien básico Fiat Uno, el veterano aunque cumplidor Chevrolet Beat o el recién lanzado Renault Kwid, que sin duda será su mayor dolor de cabeza porque, para empezar, de fábrica cuenta con cuatro bolsas de aire y en su conducción el resultado, según hemos podido corroborarlo, fue bastante bueno así la potencia y el torque estén por debajo del nipón.

Faros LED en un Suzuki Ignis GLX

7. Para lo que no alcanza

Por tratarse de la versión GL manual, hay dos elementos muy importantes de los que hay que prescindir si no se quiere pagar más de 200,000 pesos. El primero es una caja automática CVT que aprovecha bien el pequeño 1.2 y por la que hay que cancelar 30,000 pesos más. El segundo son unas excelentes luces LED para todas las funciones en los faros que proveen una calidad de iluminación propia de algo el doble de costoso, lo que es exclusivo de los Suzuki Ignis GLX cuyo valor se incrementa a mínimo 240 mil pesos.

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