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A los Jeep Wrangler y Gladiator les cabe el motor de un Hellcat, pero no pueden tenerlo

O al menos no podrían equiparlo de fábrica en una especie de demencial proyecto llevado a cabo por Jeep.

Tal parece que la fórmula de éxito de FCA, al menos para emocionar a los más fanáticos, es la de ponerle el HEMI V8 6.2 supercargado de más de 700 caballos a lo que se les atraviese, ya sea desde los Challenger Hellcat o Charger Hellcat en donde empezó su vida hasta la Grand Cherokee Trackhawk, en la que cobró un sentido muy distinto gracias a su más moderna plataforma y a la tracción integral.

HEMI Supercharged en un Dodge Challenger Hellcat

Y en lo que no parece sorprender a muchos pese a lo insensato, Tim Kuniskis, hombre al mando de la marca, le admitió al medio australiano Drive que ya ha sido preguntado más de una vez acerca de ponerle dicho V8 a los Wrangler y Gladiator, con una respuesta en la que apunta a que técnicamente sí se puede pues hay espacio para darle cabida, pero el problema reside en que por más que tenga lugar, no hay mucho margen alrededor del mismo para que exista una zona de deformación en caso de accidente, así que la de por sí delicada situación con las pruebas de choque se convertiría en un reto mayor.

Jeep Gladiator

De todas maneras, por más que suene interesante en el papel para más de uno, en la vida real cualquiera que haya manejado un Wrangler sabe que con el V6 Pentastar es más que suficiente para moverlo con soltura, pues un V8 supercargado sería un exceso innecesario en algo con dos ejes rígidos y un chasis de largueros en el que su fuerte es el uso fuera de asfalto y no la velocidad.

Sea como sea, no faltará el que, ya sabiendo esto, haga el proyecto por su cuenta, pero no será Jeep la que ejecute esa idea.

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