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Análisis: 7 apuntes de la Mazda CX-9 Signature AWD

Hay una versión enfocada al lujo de la muy halagada SUV grande en el portafolio Mazda. ¿Vale la pena pagar ese extra? ¿Realmente es una de las mejores de su segmento?

Aquí, lo registrado en la libreta de Autología:

1. El sobrecosto, en realidad, es muy poco

Los 60,000 pesos extra que se piden por una Signature en relación a una i Grand Touring (796,900 vs 736,900 pesos) son pocos si vemos en conjunto lo que agrega. No basta con la madera tipo rosewood o la suave piel nappa que sube la calidad ya de por sí buena en la cabina, sino que en el más importante apartado de la seguridad suma monitoreos por cambio involuntario de carril y su complemento para mantener la CX-9 en trayectoria por si se pisan las líneas (se necesita demarcación) sin prender el intermitente, lo que generará un movimiento correctivo del volante. Además, la iluminación en altas de los faros LED se regula sola a partir de la oscuridad del entorno y de la presencia de otros vehículos, eso con el fin de evitar deslumbramientos. En el completo HUD (proyección de datos en el parabrisas) es posible ver la operación de estos sistemas, así como la del detector de objetos en el punto ciego.

2. Su motor está tan bien conseguido que es difícil extrañar un V6

El óptimo manejo de los gases hace que el lag del turbo sea menor a lo acostumbrado en motores similares, así que el efecto es muy parecido al de la versión aspirada de este mismo 2.5 en relación a su competencia, es decir, una respuesta más pareja en la que, para empezar, se justifican las cuatro ruedas motrices, debido a que es fácil hacer saltar el control de tracción o que la dirección de algún jalón de acelerar agresivamente, pues al final las llantas delanteras suelen recibir la mayoría de la fuerza (si no es que toda) antes de que el AWD se regule y mande más par al eje posterior. No, la suavidad no es idéntica a la del V6 estándar en muchas rivales, pero a medio régimen, donde se estará circulando la mayoría del tiempo, es más contundente.

Interior Mazda CX-9 Signature

3. El interior logra una muy buena impresión de lujo, aunque faltan algunas amenidades

Unas vestiduras más costosas y unos acentos en madera de gran textura pueden parecer poca cosa, pero si los sumamos a los en su mayoría bien conseguidos acentos metálicos, botones de buen tacto, un diseño visual y ergonómicamente bien logrado y unos plásticos que no quedan a deber en su calidad, tendremos un interior que muchos acercan a SUVs premium de tres plazas muchísimo más costosos. Y tienen su punto, aunque para terminar de sentirnos a bordo de algo de un nivel superior, quedan faltando elementos de comodidad simples pero valiosos para los más exigentes, véase un apoyo lumbar de cuatro posiciones, techo panorámico, unos sensores de estacionamiento adelante, un conjunto de cámaras de visión de 360 grados o que al menos la primera fila de asientos tenga calefacción (ya ni hablar de ventilación).

4. Incluso en un SUV grande, Mazda no se olvida de sus principios

Pasaba con la anterior CX-9 y se refleja aún más en la actual: lo que siente el conductor sigue siendo una pieza importante y el que le sigan poniendo cuidado se nota desde el acelerador anclado al piso hasta la puesta a punto de su dirección o suspensión, la primera más comunicativa y bien graduada en su asistencia aunque no especialmente rápida, la segunda permitiendo mejor control de un peso que no deja de ser alto, si bien sin perder comodidad y aclarando que por obligación hay un toque de rigidez, no un aislamiento total de asfalto; ajuste necesario para espantar esa sensación de torpeza y tratar de esconder, al menos durante un manejo rutinario y tal vez un poco más entretenido (al final esto es un transporte familiar), el hecho de que se estén cargando casi dos toneladas.  

Infiniti QX60

5. Un dilema posible, polémico y tal vez optimista

La CX-9 logra compilar interesantes atributos de un vehículo de su tipo con otros más propios de opciones orientadas hacia un nicho más pequeño y exigente: aquellos que buscan una experiencia al volante más entretenida o un ambiente a bordo más elaborado. Por ese motivo, nos parece incluso una mejor opción a SUVs más costosas, véase una Infiniti QX60, tal vez una Buick Enclave e incluso llega a pisarle los talones a la Audi Q7 de cuatro cilindros, pero… ¿Será que alguien buscando una opción en una marca premium querrá echarle un ojo a un Mazda? Ahí no se trata solamente de calidades reales sino de un asunto de percepción, de lo que quieren mostrar. Y hay varios dispuestos a conducir un auto “de lujo” en una variante de acceso en lugar de subirse a un producto “generalista”. Otro ejemplo de la ambigüedad de estas categorizaciones.

6. La tercera fila sirve, pero no es la más amplia

Aunque el sexto y el séptimo ocupante irán sentados en un espacio realmente habitable para adultos de talla promedio, requisito obligatorio en un SUV de este segmento así Mazda le quiera dar un enfoque diferente, no se llega a la amplitud de algo como una Toyota Highlander o, yéndonos hacia el límite del segmento por longitud, una Chevrolet Traverse, que es la que más se acerca a una minivan en ese sentido.

Honda PIlot

7. Su competencia es diversa pero con otras prioridades

Hay mucho hacia dónde mirar si nos ponemos a pensar en rivales para una CX-9 Signature: una Sorento SXL puede traer más accesorios pero dinámicamente no está en el mismo nivel. Por acabados puede acercarse más de lo que muchos creen y su caja de ocho marchas es un excelente complemento a V6 3.3. Una Highlander opta más por un enfoque práctico e ingenioso a bordo, con espacios muy similares a los de una minivan aunque sin llegar al tamaño de una enorme Chevrolet Traverse. En la Honda Pilot, por su parte, es donde hallamos la propuesta más interesante para hacerle frente a la Mazda si valoramos el equilibrio entre todas las características.

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