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Análisis: 7 apuntes del Infiniti Q60

Convivimos con este coupé de Infiniti, una propuesta que visualmente engancha por lo espectacular que resulta desde muchos ángulos pero que, por su precio y rivales, también tiene que convencer en lo técnico, en cómo se siente y en cómo logra enfrentarse a los complicados caminos mexicanos.

Aquí, lo registrado en la libreta de Autología:

Infiniti Q60

1. El motor es lo mejor que tiene

Nissan no es ajena a los motores de seis cilindros y el tres litros con doble turbo del Q60, que también conocemos en el Q50 400, no es la excepción. De lindo sonido, enérgico, con una respuesta pareja a todo régimen (sin vacíos apreciables abajo o arriba) y con un funcionamiento robusto de exigirle sin compasión. Nada de problemas de temperatura o modos de protección prematuros, fenómeno que se suele dar mucho en las vías locales pues nos ha pasado que, tal vez, un ingeniero pensó que el coche solo rodaría en una tranquila autopista estadounidense a 110 km/h constantes. Y no nos mintamos, quien compre en México un coupé de un millón de pesos y este nivel de potencia no hará precisamente eso, sea legal o no.

2. La caja no es muy obediente

La transmisión es el complemento principal para que el motor haga un buen trabajo y se aproveche del todo. Y así tengamos 400 caballos y 350 libras-pie yendo directo hacia el eje trasero, el actuar de una caja lenta, desobediente en modo manual e incluso sobreprotectora delata que el Q60 está lejos del enfoque más deportivo real de sus rivales más cercanos (un anuncio publicitario da para cualquier bonita afirmación). No importa que sea de convertidor de par, pues ya hay quienes las hacen más rápidas.

3. Debería tener una dirección convencional

Ni eléctrica, ni hidráulica ni una mezcla de las dos anteriores. Infiniti trató de reinventarse la rueda con la dirección electrónica (DAS) que se estrenó primero como una opción en el Q50. Consiste en que, bajo condiciones normales, no hay una conexión física entre volante y ruedas, así que algunas ventajas citadas son que no habrá desviaciones al pisar alguna irregularidad o que algún desperfecto del camino no se transmitirá al conductor. ¿Las desventajas? Un aislamiento total para quienes aprecian un auto en el que la conexión sea directa y real, en el que haya una retroalimentación que nos confirme que estamos al mando. No se sabe hacia dónde apuntar en curvas delicadas, cuándo corregir o cuándo se está llegando al límite de agarre. Y por más que se juegue con los modos de manejo, al final se trata de una simulación electrónica artificial.

Interior Infiniti Q60

4. Amamos la posición de manejo, no así su interfaz de dos pantallas

En un automóvil de evidente estilo Gran Turismo, en el que la comodidad durante largos trayectos es indispensable, nos quedó claro que una parte del equipo a cargo de la ergonomía a bordo hizo muy bien su tarea, porque sentarse en el Q60 da gusto por la calidad del mullido de los asientos, por la buena ubicación de pedales y por el buen rango de ajuste del volante. Lo que sí pudo ser más amigable es la operación de sus dos pantallas, que además lucen extrañas y no tan integradas a la en general correcta cabina pues se omitieron detalles tan sencillos como que una tiene una superficie brillante y la otra no.

5. 400 caballos son demasiados para su chasis

Que haya tanta potencia no quiere decir que se pueda ir rápido. Los conductores más exigentes, sobre todo aquellos acostumbrados a los automóviles alemanes con los que se pretende competir aquí (Audi S5, BMW 440i o Mercedes-AMG C43) no solo quedarán desconcertados con la mencionada dirección, también con ciertos modales que desincentivan un tipo de manejo más dinámico o emocional tan fácil de conseguir con tan buen motor.

A muy altos ritmos en autopista es muy fácil que la trasera se pierda en caso de efectuar una frenada fuerte, con el consiguiente susto que, vale la pena mencionar, también le ha ocurrido a numerosos colegas (aunque falta ver cuántos lo han publicado en sus reseñas). Solo por ese tipo de reacción, aunado a unos sobrevirajes que más que sutiles parecen agresivos latigazos, no dan ganas de llevar el Q60 tan rápido como su V6 incita. ¿Pero saben? Pareciera que en Infiniti son conscientes de estas limitaciones dinámicas, porque su control de estabilidad, aún activando la modalidad deportiva, es protector a más no poder y llega a anular el acelerador casi del todo de detectar cierto ángulo sobre el volante, así que olvídense de tratar de salir rápido de un vértice. Es como si los 400 caballos solo se pudieran desbocar yendo en línea recta.

6. Mucho equipamiento por menos

Hagan el siguiente ejercicio: vean el precio base de un Q60 y el de un 440i. Luego comparen el equipamiento de serie de cada uno. Después, consulten el catálogo de opciones de BMW e igualen la lista de accesorios que el Infiniti trae de fábrica. ¿De cuándo es la diferencia? Esa es la clave de la marca japo-americana: un costo/beneficio aparente, una experiencia de lujo menos costosa para un comprador menos purista que valora la comodidad sobre apartados como una conducción impecable.

Rin Infiniti Q60

7. En ciudad es adorable

Decente visibilidad, equipamiento de sobra y una suspensión ajustable que lo hace muy cómodo. Siempre que se esté dispuesto a cuidar las llantas de bajo perfil en ambos ejes (la pésima malla vial no es culpa del coche), este Infiniti podría ser un más amable compañero en el día a día urbano que opciones más enfocadas al desempeño, como los más rígidos S5 o C43 o un levemente más ruidoso Serie 4. Unas por otras: comodidad a cambio de agilidad. Parece justo, ¿No?

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