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Contacto Exclusivo: Chevrolet Camaro ZL1 contra el mítico Hermanos Rodríguez

Gracias al Chevrolet Performance Experience, la marca americana puso en la mesa la oportunidad de experimentar la brutalidad de su nuevo ZL1 en el trazado del histórico Autódromo Hermanos Rodríguez. La pista estuvo completamente abierta, sin tráfico y yo, Axel Alcocer, me dispuse a disfrutar los 650 HP del yanqui en cada curva y frenada del circuito.

La nueva generación del ZL1 aterrizó hace apenas un par de meses en terrenos aztecas proponiendo un tren motriz desafiante. El arsenal comienza por un motor V8 LT4 con un desplazamiento de 6.4 litros y el apoyo de un supercargador Eaton, que no sólo colabora para entregar 650 caballos de potencia, también emite una serie de sonidos y “chillidos” alucinantes. El motor es tan bueno que General Motors lo destina también a su Corvette Z06 y a su Cadillac CTS V-Series.

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El motor es bestial y personalmente, es el caballaje más radical que he podido exprimir en mis años en la industria. El impulsor es sin duda extremo, pero la transmisión que lleva toda la potencia a los ejes posteriores no se queda atrás. Estamos hablando de un nuevo desarrollo automático de 10 velocidades que se construyó entre Ford y General Motors. Las sensaciones de conducción vienen más adelante, pero tienen que saber que saliendo de cronometrar cinco vueltas rápidas en el circuito, terminé con dolor de cuello.

Tanto brío tiene que ser gestionado al pavimento, y aunque sin las ayudas activadas el ZL1 necesita manos sumamente experimentadas y reactivas al volante, Chevrolet trabajó para que la parte baja de este monstruo fuera controlable y lograra marcar tiempos de superdeportivo.

La suspensión echa mano del sistema Magnetic Ride, que ajusta el fluido de la suspensión para endurecer o suavizar los amortiguadores, según las condiciones del camino. Cuenta con tres modos de manejo, Sport, Snow y Track para manejo deportivo. El 0 a 100 kilómetros por hora se hace en 3.5 segundos, mientras que la velocidad punta en el Hermanos Rodríguez fue de 256 km/h al llegar a la frenada de la recta principal.

Estéticamente todo es diferente en relación a su hermano menor bajo las siglas SS. Hay insertos en fibra de carbono por todos lados y el exterior denota las ganas de hacerte sonreír y gritar al mismo tiempo. Encontramos trabajo aerodinámico en todos los frentes del coche y en la parte de atrás, el difusor de aire se fusiona con un sistema de escape de doble punta que además de entregar petardeos maravillosos, puede funcionar como despertador para todos tus vecinos. Dos en uno.

Las llantas son Goodyear Eagle Supercar 3, de 285 milímetros adelante y 305 en la parte de atrás. Los frenos son Brembo carbonocerámicos de cuatro pistones en la cola y seis en la trompa. Por dentro hay alcántara, fibra de carbono y logos ZL1 en puntos estratégicos. También se integra una pantalla de 8 pulgadas con Android Auto y Apple CarPlay, sistema OnStar, cargador de celulares por inducción y sistema de audio BOSE, pero sinceramente, a quien diablos le importan los gadgets cuando tienes un coche que puede despegar, pero no quiere hacerlo.

Lo que sí es que la seguridad no se olvida y este “come italianos” monta 8 bolsas de aire (frontales, laterales lumbares, de tipo cortina y para rodillas delantera), alerta de presión de llantas, cámara de visión trasera, alerta de tráfico cruzado y de cambios involuntario de carril.

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Un ZL1 contra un circuito de F1

Me voy a esforzar en tratar de transmitirles todas las sensaciones que me regaló este Camaro en la pista. Como bien saben, el Autódromo Hermanos Rodríguez es uno de los trazados más técnicos y rápidos del mundial de Fórmula 1, por lo que experimentar a un coche de 650 equinos fue algo más que especial.

La primera vuelta fue para medir los puntos de frenada y sentir por primera vez las aceleraciones del coche. Siempre mantuve los controles activados y aun así, de primera a segunda a fondo el eje trasero quería empezar a jugar. En la parte final de la primera vuelta, al llegar al Foro Sol, comencé a apretar el paso para llegar lanzado a la recta principal, el ZL1 comenzó a gritar y yo a abrir los ojos al sentir el empuje del supercargador. Llegué a la curva uno y ahí fue donde entendí que este coche necesitaba de todos mis sentidos en el volante y en los pedales.

Fueron cinco vueltas rápidas con dos de enfriamiento. La transmisión automática es tan rápida entre cambios que si se logra hacer el cambio en el punto correcto, el cambio es tan radical que “patea” la cabeza para atrás hasta pegar con el asiento. El esquema de suspensiones funciona de maravilla para mantener el coche en la línea y el sistema Brembo frena sin complicaciones en 200 metros desde 256 kilómetros por hora a 90.