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A prueba: Ford Shelby GT350, lo metimos en circuito

El club de los V8 normalmente aspirados es cada vez más pequeño. Nuestros tiempos, más enfocados en emisiones y consumos, reservan estas mecánicas para marcas de alto desempeño, deportivos de élite que tienen tras de sí décadas de deportividad.

Y a pesar de que estamos ante otras demandas, algunas marcas se las han sabido arreglar con sendas evoluciones mecánicas para mantener y ofrecer todavía mucha más potencia cumpliendo con los requisitos de emisiones y consumo y Ford es una de ellas.

La firma americana ha sabido explotar magistralmente una de las marcas más exitosas, reconocidas y deseadas en el mundo motor: Shelby, sinónimo del músculo americano, del poderío por el simple gusto de tenerlo y de lo fascinante que pueden ser los V8, pero sabiamente de la mano con uno de los conceptos más valiosos que tiene la firma: el Mustang.

A lo largo de los años, Ford, en su afán por siempre dar más, echó mano de Carroll Shelby, un preparador de esos que no se dan dos en la vida y lograron concebir uno de los productos más emblemáticos de los deportivos americanos.

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¿Cómo es posible?

El Shelby GT350 basado en la nueva generación de Mustang, es una de las evoluciones mejor ejecutadas del fabricante y uno de los deportivos más efectivos, emocionales y deseados que existen en nuestros días. Además de un diseño que sigue retomando elementos clave de su historia (como una caída del medallón posterior que recuerda a los fastback de finales de los 60), no hay excesos en detalles para marcarlo como único: algunos emblemas de la cobra, una placa que marca el número de auto (a México llegaron solo 100 que ya volaron) y unos espectaculares asientos de cubo firmados por Recaro que nos dan una sujeción y sensación muy cercana a la de un auto de competencia.

Por fuera es un poco más expresivo con las famosas stripes ahora en color negro a lo largo de todo el auto, rines de 19 pulgadas en color negro y un splitter fantástico que acentúa la enorme, enorme parrilla que permite que entren centenares de litros de aire para alimentar al V8. También se reemplazan los faros de niebla por otras tomas de aire para los frenos y motor.

Para acceder al Shelby, se debe renunciar a la tecnología de MyFord Touch, pues la marca alega que al ser un vehículo de alto desempeño, debemos estar obligadamente concentrados al volante. Sí y no. Cuando evaluamos el auto en el circuito, por supuesto que en lo último que pensamos fue en la pantalla touch o sus maravillosas funcionalidades, pero no anduvimos a fondo todo el tiempo en el auto. No me hubiera molestado contar con el equipo similar que ofrece el Mustang California, por ejemplo.

Por dentro la calidad de materiales se mantiene muy en el tenor de los otros Mustang: buen ensamble, algunos plásticos quizás muy rígidos que no presumen de ser los mejores (sobre todo para una versión tan especial) pero se remata todo muy bien vía los ya mencionados Recaro en gamuza.

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Refinado y efectivo

La electrónica ha evolucionado y hoy podemos tener un brutal (sí, el Shelby lo es) coupé, de tracción trasera con 526 hp rodando con mucha confianza, equivocándonos con él para entender su funcionamiento, sus prohibiciones. El control de estabilidad es muy efectivo, de hecho, creo que demasiado metiche en ciertas condiciones al límite, pero se agradece. Manos inexpertas pueden disfrutar del auto sin caer en riesgos innecesarios. La electrónica es puntual, condescendiente aunque nos hubiera gustado un poquito menos cortante. De plano desconectarle todo sólo es recomendable casi casi si cuentas con una licencia de piloto. No quiero decir con ello que sea un auto salvaje, es incluso dócil si sabes llevarle, pero sí se requieren manos entrenadas para que el Shelby y tú tengan la mejor de las tardes.

Y es que por primera vez en la historia suma amortiguadores con el sistema MagneRide que le permite variar la dureza constantemente de acuerdo al setting de manejo que decidamos escoger (que se puede elegir desde los controles en el volante). Esto sumado a la nueva suspensión posterior independiente, ofrece un manejo bastante confiable.

La meta de Ford es muy clara: este nuevo Shelby GT350 tiene la tarea de ser el mejor de la historia, ya no sólo potente o carismático, sino que ahora con los elementos suficientes, comportarse como un deportivo de primera categoría, amable en la ciudad o un desempeño excepcional en pista. No tiene nada que envidiarles a los deportivos de élite.

Hay un detalle fascinante y es el head up display que ofrece el Shelby, un famoso “chismoso” del mundo de las carreras que puede variar su intervención de acuerdo al modo de manejo. Las luces de led se proyectan en el parabrisas y pueden parpadear y sonar al momento de llegar al punto en el que hemos decidido hacer el cambio o bien aplicarse de manera distinta para arrancones. Todo eso se controla desde el menú Track Apps en el cluster central.

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El corazón

Pero vamos a lo más sobresaliente del Shelby. Ford echa mano de recursos propios de carrera para entregar uno de los mejores V8 normalmente aspirados a la venta en un modelo de producción y el más potente que ha fabricado la marca. El 5.2 litros echa mano de un cigüeñal plano, recurso empleado en los inicios de los V8 y reservado para los superdeportivos como Ferrari o exóticos europeos, gracias a su capacidad para girar rápido y a altas revoluciones (además de ofrecer un sonido excepcional). No es muy común en modelos de producción porque es una arquitectura que genera más vibraciones y ruido, pero en deportivos como éste, es lo que menos importa. Esta solución permite al propulsor contar con un rango de entrega de potencia más amplio, subir de vueltas o girar con mayor rapidez pues es un cigüeñal más ligero y mejora considerablemente la respiración del motor, haciéndolo más efectivo. Con ello ofrece más de 100 hp por litro y alcanzar las 8,250 rpm acompañadas de uno de los mejores sonidos del planeta. El V8 entrega el 100% de la potencia en las 7,500 rpm y el 80% del par motor de 429 lb/pie a las 4,750 rpm. El nuevo motor es más grande, más potente y seis kilos más ligero que el V8 5.0 litros “normal” de la casa.

Sumado a ello, tenemos un efectivísimo sistema de frenos de discos flotantes firmados por Brembo, con seis pinzas adelante y cuatro atrás. Debemos reconocer que la frenada es efectiva, imponente. De hecho, a mayor temperatura, mejor el agarre y no notamos desvanecimiento ante la exigencia, todo lo contrario.

El Shelby se sazona con el sistema de Track Apps que nos permite obtener diferentes medidas de desempeño del auto, desde aceleraciones de 0 a 100 km/h, 0 a 400 m, frenadas de 160 a 0 km/h o incluso tiempos de vuelta. Una verdadera maravilla que nos permite exprimir y entender el foco de este deportivo.

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Y en el circuito

Tuvimos oportunidad de evaluar el Shelby en el Autódromo Guadalajara quienes nos prestaron gustosos sus instalaciones. Además, estrenamos nuevo equipo de medición de pruebas proporcionado por nuestros amigos de Scheffler Mexico, quienes distribuyen en exclusiva los equipos Vbox de medición satelital de Racelogic. El equipo incluye, además, un par de cámaras de video en 4K nos permiten mostrar toda la información, datos en tiempo real de resultados de aceleración, recuperaciones, frenadas y tiempos de vuelta en video. Un equipo de primera para un auto de primera.

Y el Shelby no decepciona. Como nuestra meta es conocer el auto, su desempeño y carga tecnológica, las vueltas y resultados de prueba los hicimos con el control de estabilidad conectado. No buscamos romper tiempos de vuelta (ni autos), sino comunicarles cómo un deportivo de este talante se comporta. Y lo amamos. Después de las 4,500 rpm estamos ante otro modelo. La versatilidad del motor es imponente. Pasando este límite, el Shelby te pega al asiento y brama con furia. La dirección tiene una precisión solo vista en deportivos de élite. El eje posterior va siempre bien plantado y es tan comunicativo con el conductor, que podemos sentir cómo las ruedas posteriores van mordiendo el pavimento para mantenernos acelerando. Sólo la electrónica, como ya mencionamos, apuesta más a tranquilizar las cosas que a mejorar el manejo, como lo consiguen sistemas de deportivos de alta gama como Porsche, que si sabemos llevarlo, el control de estabilidad nos ayuda a rodar más aprisa sin perder la vertical. Ese sería el único “pecado” del Shelby, pero estamos seguros que en manos entrenadas es el deportivo más rabioso, divertido y de mejor precio que puede uno adquirir.

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Ford ha sabido llevar a otro nivel sus cartas más poderosas. Consigue una pieza que no le pide nada a deportivos de élite y lo mejor de todo es que lo hace sin perder su esencia. Es uno de los productos más deseados del momento, por su historia, por la evolución que representa en términos de diseño, electrónica aplicada a la conducción e ingeniería aplicada al desempeño, pero lo mejor de todo es que sigue siendo un Mustang, sigue siendo un Shebly. Y en la escala le siguen el GT350R y el GT500… Lo que se viene.

Agradecemos al Autódromo Guadalajara las facilidades otorgadas para la realización de esta prueba. Tel 33 3811 8240

 

Motor: V8, 5.2 litros, 526 hp y 429 lb-pie

Acel 0 a 100 km/h: 6.58s*

Frenada 160 km/h a 0: 4.7 s / 106.2 m*

Time lap: 1m 31s 82s* en el Autódromo Guadalajara

Consumo

Ciudad: 7.9 km/l

Carretera: 13.4 km/l

Combinado: 7.2 km/l

Precio: 1,039,000 pesos

*datos obtenidos con equipo de pruebas Video Vbox de Schaeffler México